Historia de la navegación por el Sena: de los barcos reales a los cruceros privados
La navegación por el Sena es inseparable de la historia de París. Desde hace más de un milenio, el río ha transportado reyes, comerciantes, artistas y viajeros. Aún hoy, navegar por sus aguas sigue siendo una de las formas más fascinantes de descubrir la capital. Un recorrido por una historia apasionante, desde las barcazas reales hasta los cruceros privados por el Sena.
Orígenes medievales: comerciantes y nautes parisinos
La historia de la navegación por el Sena se remonta a la Antigüedad. Los parisii, pueblo galo que dio su nombre a París, ya eran expertos barqueros. Tras la conquista romana, Lutecia prosperó gracias al comercio fluvial. La corporación de los nautes parisinos (barqueros), documentada desde el siglo I por el célebre Pilar de los Nautes hallado bajo Notre-Dame, atestigua esta actividad ancestral.
En la Edad Media, el Sena se convirtió en la arteria económica de París. Los barcos de mercancías transportaban madera, vino, trigo y piedra de construcción. El poderoso gremio de los mercaderes del agua, precursor del ayuntamiento parisino, controlaba el tráfico fluvial. Su lema, Fluctuat nec mergitur («Es batido por las olas pero no se hunde»), se convertiría en el lema de la propia ciudad de París. Los puertos se multiplicaron a lo largo de las orillas: puerto del trigo, puerto del vino, puerto del heno. Cada muelle tenía su especialidad, y el río bullía de actividad del amanecer al anochecer.
Los barcos reales y las fiestas sobre el agua
A partir del Renacimiento, el Sena acogió un nuevo tipo de navegación: las embarcaciones reales. Francisco I, Enrique IV y Luis XIV utilizaban barcazas suntuosamente decoradas para sus desplazamientos y recepciones. Las fiestas náuticas se convirtieron en un espectáculo muy apreciado por la corte. En 1518, Francisco I organizó una gran justa naval frente al Louvre para impresionar a los embajadores extranjeros.
Bajo Luis XIV, las góndolas reales surcaban el Sena durante fastuosas ceremonias. El Rey Sol llegó incluso a traer gondoleros venecianos para amenizar sus festejos. Estas embarcaciones, adornadas con dorados y esculturas, prefiguraban el arte del crucero de prestigio por el río parisino. La tradición de las recepciones sobre el agua había nacido, una tradición que perdura hoy en una forma más íntima a través de los cruceros privados.
El siglo XIX: la edad de oro del transporte fluvial
La Revolución Industrial transformó radicalmente la navegación por el Sena. En 1816, el primer barco de vapor, el Charles-Philippe, remontó el río entre París y Montereau. Fue una revolución. Los barcos de vapor sustituyeron progresivamente a las embarcaciones de vela y de remos, haciendo la navegación más rápida y regular.
En 1867, durante la Exposición Universal de París, Jean-Sébastien Mouche lanzó sus célebres bateaux-mouches (barcos turísticos) por el Sena. Construidos en el barrio de la Mouche en Lyon, estos barcos ofrecieron por primera vez paseos turísticos al gran público. El éxito fue inmediato: miles de parisinos y visitantes descubrieron la ciudad desde el agua. Los bateaux-mouches se convertirían en una institución, aunque el concepto del crucero turístico por el Sena es aún más antiguo, arraigado en siglos de tradición fluvial.
Paralelamente, los lavaderos flotantes, los baños flotantes y las guinguettes (merenderos populares a orillas del agua) hicieron del Sena un lugar de vida popular. El río no era solo un eje de transporte: era el corazón palpitante de la vida parisina.
El siglo XX: declive y renacimiento del Sena
El desarrollo del ferrocarril y del automóvil en el siglo XX marginó progresivamente el transporte fluvial. El tráfico comercial declinó, y las vías rápidas abiertas en las orillas en 1967 alejaron a los parisinos de su río. El Sena parecía condenado a no ser más que un decorado.
Sin embargo, la navegación recreativa tomó el relevo. Las péniches (barcazas tradicionales) se transformaron en viviendas, los cruceros turísticos se modernizaron y apareció un nuevo tipo de navegación: el crucero privado. Lejos de los grandes barcos turísticos abarrotados, embarcaciones de escala humana ofrecían una experiencia íntima y personalizada sobre el río.
En 2013, las orillas de la margen izquierda fueron devueltas a los peatones. En 2024, el Sena acogió la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París, consagrando el río como escenario mundial. La navegación por el Sena nunca ha estado tan viva.
Hoy: el crucero privado, heredero de una larga tradición
Los cruceros privados por el Sena se inscriben en la continuidad directa de esta historia milenaria. Como las barcazas reales de antaño, ofrecen una experiencia exclusiva, lejos de la multitud, cerca del agua y de los monumentos. Embarcarse en un barco privatizado es reconectarse con una tradición de navegación íntima y elegante que atraviesa los siglos.
Con Un Bateau à Paris, esta tradición cobra vida a bordo del Sénang, una péniche holandesa tradicional amarrada en el Port de l’Arsenal, en pleno corazón del distrito 12. Con capacidad para hasta 12 pasajeros, el Sénang perpetúa el arte secular del crucero por el Sena en un marco auténtico y acogedor. Ya desee celebrar un evento o simplemente admirar París desde el río, reserve su crucero privado y escriba su propia página en la gran historia de la navegación por el Sena.


