El Sena, arteria de París: 2000 años de historia al hilo del agua
El Sena no es solo un río que atraviesa París: es París. Desde hace dos milenios, este curso de agua de 776 kilómetros ha moldeado la geografía, la economía, la arquitectura y el alma misma de la capital francesa. Desde Lutecia hasta la metrópolis moderna, cada época ha dejado su huella en sus orillas. Remontar la historia del Sena es atravesar toda la historia de Francia.
Lutecia: París nace sobre el Sena
La historia comienza en la Île de la Cité, cuna de París. Hacia el siglo III a. C., el pueblo galo de los parisii se instaló en esta isla, protegida naturalmente por los brazos del río. La ubicación era estratégica: el Sena permitía controlar el comercio entre el norte y el sur de la Galia.
Tras la conquista romana en el 52 a. C., Lutecia se desarrolló en la orilla izquierda. Los romanos construyeron termas, un foro y un anfiteatro, pero fue el río el que siguió siendo el motor de la ciudad. El Pilar de los Nautes, monumento votivo erigido por la corporación de los barqueros en el siglo I, demuestra que el Sena ya era el centro de la vida económica y religiosa. Descubierto en 1711 bajo el coro de Notre-Dame, constituye el monumento más antiguo conocido de París.
La Edad Media: el Sena alimenta y protege París
En la Edad Media, el Sena se convirtió en la arteria vital de una ciudad en plena expansión. El río abastecía París de alimentos, materiales de construcción y combustible. Los molinos de agua se multiplicaron bajo los puentes, mientras que los mercaderes del agua adquirían un poder considerable. La Hanse des marchands de l’eau (Gremio de los Mercaderes del Agua), fundado en el siglo XII, controlaba todo el tráfico fluvial y sentó las bases del ayuntamiento parisino.
Fue también la época de las grandes obras a lo largo de las orillas. La construcción de Notre-Dame de París comenzó en 1163, y las piedras llegaban por el río desde las canteras del Oise. El Louvre, inicialmente una fortaleza medieval, se construyó a lo largo de la orilla derecha. La Sainte-Chapelle, joya del gótico radiante, se erigió en la Île de la Cité en 1248. Todos estos monumentos, que aún hoy se admiran desde el Sena, testimonian el papel central del río en el urbanismo parisino.
Los puentes de París también cuentan esta historia. El Pont-Neuf, a pesar de su nombre («Puente Nuevo»), es el puente más antiguo de París que sigue en pie, inaugurado por Enrique IV en 1607. Primer puente sin casas, ofreció por primera vez una vista despejada del río, transformando la relación de los parisinos con su Sena.
Las Grandes Obras: Haussmann y los muelles del Sena
Bajo el Segundo Imperio, el barón Haussmann transformó radicalmente el rostro de París, y el Sena no escapó a esta metamorfosis. Entre 1853 y 1870, las orillas fueron consolidadas, los muelles revestidos de mampostería y ensanchados, y las vías de acceso al río fueron rediseñadas. Los muelles del Sena se convirtieron en verdaderos paseos arbolados.
Haussmann también hizo construir los grandes colectores de alcantarillado que desviaron las aguas residuales del Sena, mejorando considerablemente la salubridad del río. Los bouquinistes (libreros de viejo), presentes desde el siglo XVI, se instalaron definitivamente en los pretiles de los muelles, creando esa librería al aire libre que aún hoy define el encanto de las orillas. En 1991, las orillas del Sena en París fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, reconocimiento supremo de esta armonía única entre un río y su ciudad.
1910: la gran crecida, París bajo las aguas
La historia del Sena no es solo una historia de glorias. En enero de 1910, París vivió una de sus peores catástrofes naturales. Tras semanas de lluvia, el río alcanzó los 8,62 metros en el Pont d’Austerlitz, frente a los 2 metros habituales. La crecida de 1910 sumergió barrios enteros: el Marais, la estación Saint-Lazare, parte del distrito 7 quedaron bajo el agua.
El Zuavo del Pont de l’Alma, estatua militar instalada en 1856, se convirtió entonces en la referencia popular del nivel del Sena. Cuando «el Zuavo tiene los pies en el agua», los parisinos se preocupan. En 1910, tenía el agua hasta los hombros. La ciudad tardó meses en recuperarse de esta inundación histórica, y la amenaza de una nueva gran crecida sigue siendo tomada muy en serio por las autoridades.
El Sena hoy: patrimonio vivo y lugar de asombro
En el siglo XXI, el Sena conoce un verdadero renacimiento. Las orillas peatonales, inauguradas en 2013 en la margen izquierda, devolvieron el río a los parisinos y a los paseantes. Las péniches (barcazas tradicionales) se transformaron en espacios de vida, restaurantes y centros culturales. En 2024, el Sena fue el centro del mundo durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París, un desfile náutico histórico que consagró el río como la avenida más hermosa de la capital.
El baño en el Sena, prohibido desde 1923, vuelve a ser un objetivo concreto, señal de que el río recupera una calidad ambiental perdida desde hace un siglo. París se reconcilia con su curso de agua, y el Sena vuelve a ser un lugar de vida, de fiesta y de descubrimiento.
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